RADAR POLÍTICO
En cada municipio y en cada distrito local y federal de Yucatán se libra desde ahora una batalla silenciosa por las candidaturas que estarán en juego en las elecciones intermedias de 2027.
Aunque todavía falta tiempo para el inicio formal del proceso electoral, dentro de Morena los grupos, aspirantes y funcionarios ya comenzaron a moverse. Las reuniones privadas, los recorridos territoriales, las fotografías con dirigentes y la repentina cercanía con las bases forman parte de una competencia que cada día se vuelve más intensa.
La línea que se impulsa desde la dirigencia nacional parece clara: privilegiar, en primera instancia, a los liderazgos morenistas de cepa, es decir, a quienes participaron en la construcción del movimiento desde sus primeros años. Solamente cuando no exista una figura competitiva se abriría la puerta a los nuevos adherentes, conversos o llamados “neomorenistas”.
Será en agosto cuando Morena, según ha trascendido, encargue las primeras encuestas para medir a quienes aspiran a convertirse en candidatos a diputados federales.
Los estudios evaluarían presencia territorial, nivel de conocimiento e intención del voto, pero también incluirían un análisis más detallado de los aspectos positivos y negativos de cada perfil. No bastará con ser conocido; también será importante determinar qué tan competitivo resulta cada aspirante y cuánto rechazo genera entre los ciudadanos.
En esas mediciones aparecerán los actuales diputados federales que buscarán aprovechar la posibilidad de reelegirse, junto con legisladores locales, funcionarios estatales y personajes que apenas comienzan a acercarse al partido guinda.
Uno de los escenarios más interesantes se encuentra en el Distrito Federal III, donde se perfila una disputa entre tres aspirantes: la diputada local Clara Rosales, el diputado federal Óscar Brito, quien buscaría la reelección, y el secretario de Economía y Trabajo del Gobierno del Estado, Ermilo Barrera Novelo.
De los tres, quien parece reunir mayores condiciones políticas es Clara Rosales. Es fundadora del movimiento, joven, mujer y ha mantenido una actividad constante tanto en el territorio como en el Congreso local. En una competencia en la que Morena suele privilegiar la trayectoria partidista y la paridad de género, esas características podrían colocarla en una posición favorable.
Óscar Brito también puede presumir su origen dentro del movimiento y la ventaja que representa ocupar actualmente la diputación federal. Sin embargo, en su contra juega la percepción de que no ha logrado construir una presencia suficientemente sólida en todo el distrito. La reelección no será automática y dependerá de que las mediciones confirmen que conserva competitividad.
El caso de Ermilo Barrera es distinto. El funcionario estatal, conocido como “Milo”, ha comenzado recientemente a incrementar su presencia en la demarcación. No obstante, enfrenta un obstáculo que podría resultar determinante: él mismo ha reconocido que no está afiliado a Morena.
Para un partido que busca fortalecer a sus cuadros históricos, postular a un funcionario sin militancia podría generar resistencia entre quienes llevan años trabajando en las colonias, organizando estructuras y defendiendo al movimiento en los momentos más difíciles.
La disputa del Distrito III será, por tanto, mucho más que una competencia entre tres nombres. Representará el enfrentamiento entre dos visiones: la de quienes reclaman respeto a la militancia fundadora y la de quienes consideran que la cercanía con el poder estatal puede ser suficiente para obtener una candidatura.
En Morena deberán decidir si las candidaturas de 2027 serán para quienes construyeron el movimiento desde abajo o para quienes llegaron cuando el partido ya se encontraba instalado en el poder.
La encuesta medirá popularidad y conocimiento. Pero la verdadera decisión revelará qué pesa más dentro del partido guinda: la lealtad de los fundadores o la influencia de los advenedizos.




