Por Martha López Huan
La milpa maya, donde los antiguos y modernos habitantes del Mayab siembran maíz, frijol, calabaza, camote, espelón, tomate, cacahuate y tubérculos, guarda en su interior el secreto de la lngevidad: tierra fértil que “provee” desde la época prehispánica “alimentación sana, cien por ciento natural”, revela una habitante de Chacmay que nació el 1 de abril de 1924.
“Soy de Dzoncauich, pero desde que me casé con don José Inés Solís Borges me trajo a vivir a Chacmay para formar la familia Solís Canul y dedicó su vida a trabajar la tierra para alimentarnos”, cuenta doña Venancia Canul Mézquita, que el 1 de abril pasado cumplió 102 años.
Acompañada de su hija Evanelly Solís Canul de 75 años, su nieto Carlos Armando Hong Solís de 49, su bisnieto Alvaro Jacobo Hong Cutz de 17 y su sobrina Silvia Uc Canul de 59 años, se le ve feliz, quizá porque aún recuerda su infancia en Dzoncauich o la época gloriosa de su juventud al lado de su esposo José Inés Solís Borges, quien partió a los 85 años.
En ese hogar también vive su nieta política Catalina Cutz Pech, quien ayuda en su cuidado y alimentación, así como su bisnieto Carlos Aldair Hong Cutz de 24, pero se encontraban en el Hospital Agustín O´Horán de Mérida, donde los ortopedistas atendían al jovencito que se rompió la clavícula.
Con su más de un siglo de vida, doña Venancia asegura que está feliz y más sana que muchos integrantes de su familia, pero no escucha bien, hay que pegarse a su oreja y hablar fuerte para que pueda escuchar.
Con algunas preguntas sonríe, con otras levanta la mirada y mira en derredor y con otras más sus ojos revelan que se transporta al pasado, en sus años mozos cuando ella y su esposo emprendieron esa aventura llamada familia.

Evoca esos momentos cuando ella, su esposo e hijos comparten tareas, crecen cochinos, cuya alimentación es a base de maíz molido, atole y calabazas, “nada, nunca usamos ese alimento para cerdos que venden ahora, todo era cien por ciento natural”.
“Creo que ese es el secreto de mi edad, porque desde niña y en mi etapa de casada todo lo que comíamos surgía del campo, de la milpa, mi padre y mi esposo cazaban tepezcuintle, pavo de monte, venados, armadillo y todo lo que se podía”, precisa doña Venancia, quien una de sus hermanas vivió 115 años.
Sentada en su hamaca, recién bañada y perfumada sonríe cuando brinda detalles de su longevidad y presume que todo se debe a su alimentación cien por ciento natural y ancestral, “la comida no tenía químicos y las gallinas crecían sólo con maíz, hierbas y agua”.
LA RADIO ERA MUY IMPORTANTE
La habitante de Chacmay, comisaría de Dzoncauich, confiesa que no veía ni ve televisión, “en mi época juvenil no había nada de eso, sólo la radio y eso nos mantenía informados, era un medio importante”.
–El 15 de abril de 1957, falleció en Mérida el gran actor y cantante mexicano Pedro Infante, ¿usted lo conoció?
–Sí, era muy guapo –responde con una sonrisa pícara que puso a todos a reír en la habitación.
Su pensamiento voló hacia esos días en que el rostro del Idolo de Guamúchil estaba en todas las revistas, películas y su inconfundible voz estaba en todas las estaciones de radio cantando sus éxitos que, a 69 años de su muerte, siguen vigentes.

Doña Evanelly, Carlos Armando y Alvaro Jacobo comentan que algunas veces, doña Venancia cree que está joven, porque se quiere levantar “para dar de comer a los cochinos, cocinar para su esposo y atender a los hijos”, pero se da cuenta que no puede pararse rápido, sus piernas han perdido fuerzas…
Otras veces se sienta a charlar con todos “como si nada”, otras más no puede articular palabras, sólo ve a su alrededor y sonríe, es como si resaltara la paz en su interior.
“Cuando en casa hay fiesta, ella se pone tan feliz y conversa con todos”, cuentan sus familiares de Chacmay, aunque tiene otros en Dzoncauich y Mérida.
Eso es una bendición y la familia no deja de agradecer: “Los integrantes de la familia damos gracias a Dios porque mi mamá está aquí con nosotros sana y feliz con los recuerdos de toda su vida”.
También agradecen al párroco y otros miembros de la iglesia que le llevan la Eucaristía cada domingo hasta Chacmay, en su hogar donde tiene un altar con imágenes de santos muy antiguas.
Sin embargo, el agradecimiento infinito es para doña Venancia, don José y todas las ramas del árbol de la familia Solís Canul.




