Por Adolfo Calderón Sabido.
La hospitalidad yucateca fue nuevamente traicionada por un extranjero que, tras ganarse la confianza de una familia, huyó dejando una casa vacía y una comunidad indignada.
El ciudadano belga Emmanuel Julien Buysse rentó una vivienda en una privada de Conkal en enero de 2025. Con modales aparentes y palabras dulces sobre su supuesto amor por Yucatán, convenció a la propietaria de que sería un inquilino ejemplar. Nada más lejos de la verdad: meses después desapareció, sin pagar y desmantelando la casa pieza por pieza.
Cuando la dueña acudió a cobrar la renta, descubrió un escenario de saqueo: no había ventiladores, ni aires acondicionados, ni canceles de aluminio. Hasta el calentador eléctrico había desaparecido. Solo quedaron huecos en las paredes y cables colgando. “Nos vació la casa… ¡este hombre nos vació la casa!”, exclamó con rabia.
Los vecinos confirmaron que lo vieron desmontar aparatos y cargar objetos en una camioneta. Engañó a todos con la excusa de que “los estaba cambiando”. Nadie imaginó que se trataba de un robo a plena luz del día.
“Se aprovechó de nuestra confianza y de la nobleza de los yucatecos”, lamentó un vecino. La indignación no se limita a la cuadra: cada vez son más los casos de extranjeros que abusan de la paciencia local, desde vandalismo hasta agresiones. La sensación general es clara: la bondad yucateca está siendo confundida con debilidad.
La propietaria no pide venganza, pide justicia: “Confié en él y me traicionó. Que nadie más pase por lo mismo”.
Hoy, en Conkal, queda una casa vacía y una comunidad que no olvida. Buysse huyó como ladrón, pero lo que realmente robó fue la confianza que caracteriza a esta tierra hospitalaria.




