Un dolor repentino, dificultad para hablar o la pérdida de fuerza en un brazo pueden ser señales de alarma de un infarto cerebral, una emergencia que puede dejar secuelas permanentes o provocar la muerte si no se atiende de inmediato. Así lo advirtió el Dr. Daniel Sánchez Arreola, miembro de la junta directiva de la Federación Latinoamericana de Medicina de Emergencia FLAME, quien alertó que cada minuto sin atención médica aumenta el daño en el cerebro.
“Factores como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo incrementan significativamente el riesgo de padecer un infarto cerebral. Aunque es más común en personas mayores de 60 años, estamos observando un aumento en adultos jóvenes debido a estilos de vida poco saludables”, abundó el especialista.
En cuanto a las secuelas, estas varían según la zona del cerebro afectada y pueden manifestarse desde parálisis en un lado del cuerpo y dificultades en el habla, hasta alteraciones en la memoria, la coordinación y el estado emocional, impactando de forma directa en la calidad de vida de quienes las padecen.
“Los síntomas suelen aparecer de forma repentina, como debilidad en el rostro, brazo o pierna, dificultad para hablar, pérdida de visión, mareo o un dolor de cabeza intenso. Ante estas señales no se debe perder tiempo y es fundamental acudir de inmediato a urgencias, ya que existe una ventana crítica de entre 3 y 4.5 horas para recibir atención médica y reducir el daño cerebral”, enfatizó el Dr. Daniel Sánchez Arreola.
La prevención y el cuidado de la salud se mantienen como factores clave para reducir el riesgo de un infarto cerebral, a través de hábitos como una alimentación balanceada, la actividad física constante y la atención médica oportuna, elementos fundamentales para proteger la calidad de vida y evitar complicaciones graves.




