En Yucatán nos gusta enterarnos de todo. Queremos saber quién fue, qué dijo, cómo pasó y por qué nadie nos había contado. Escuchamos versiones, pedimos detalles y hacemos preguntas. Pero cuando llega el momento de cambiar de opinión, la conversación puede tomar otro rumbo.
El Ranking del carácter mexicano 2026, de TResearch y Consulta Mitofsky, ofrece un dato para alimentar la sobremesa: el 52% de los yucatecos encuestados se considera mucho o algo terco.
En el listado publicado, Yucatán aparece en el octavo lugar nacional, cinco puntos porcentuales por encima del promedio del país, de 47%.
Más de uno encontrará una explicación inmediata: no es terquedad, es firmeza. O carácter. O convicciones. Siempre habrá una palabra más amable para describir esa disposición a defender una postura incluso después de escuchar los argumentos contrarios. La encuesta, sin embargo, pregunta qué tan terco se considera cada persona. No pregunta si tiene razón.
Esa diferencia podría sostener varias horas de discusión.
Baja California Sur encabeza el listado con 64%, seguido de Durango, con 63%, y Sonora, con 61%. En el extremo opuesto aparece Tlaxcala, con 32%.
Dentro de las ocho entidades del Sur-Sureste agrupadas por el estudio, Yucatán registró el segundo porcentaje más alto, detrás de Tabasco, con 54%. En la península supera a Campeche, con 44%, y Quintana Roo, con 39%. Los números permiten una lectura simpática de nuestro carácter, aunque conviene entender sus alcances.
Se trata de cómo se describen los participantes, no de una evaluación psicológica ni de una prueba de que los habitantes de una entidad sean más difíciles de convencer que los de otra.
El estudio reunió 14 mil 760 entrevistas válidas en las 32 entidades, realizadas del 11 de abril al 13 de octubre de 2026. Fue una encuesta en línea, autoaplicada mediante SurveyMonkey, con reclutamiento por redes sociales y resultados ponderados.
El documento no desglosa cuántas entrevistas corresponden a Yucatán, una limitación que debe acompañar cualquier interpretación del dato estatal.
Aun con esas precisiones, el resultado deja una pregunta interesante: ¿en qué momento la convicción deja de ser fortaleza y se convierte en resistencia a escuchar?
Sostener una idea tiene valor. Revisarla cuando aparecen mejores argumentos también. Cambiar de opinión puede ser una señal de atención, aprendizaje y criterio.




