Un depósito ritual asociado con antiguas prácticas mayas fue localizado en la comunidad de Yaxché de Peón, en el municipio de Ucú, durante trabajos arqueológicos realizados en la zona.
El descubrimiento aporta nuevos elementos para comprender la forma en que las comunidades del periodo Preclásico Medio y Tardío concebían su organización social, sus rituales y la relación con el entorno natural.
El hallazgo forma parte de las labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Libramiento Ferroviario Multimodal Mérida-Progreso, vinculado al proyecto del Tren Maya.
Las investigaciones, iniciadas en junio de 2025 por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), continuarán hasta mediados de 2026 con el objetivo de documentar y preservar vestigios que puedan encontrarse en el área intervenida.

De acuerdo con autoridades culturales federales, el contexto ritual descubierto permite profundizar en el entendimiento de las prácticas simbólicas que definieron la vida comunitaria en el mundo maya temprano.
“Cada hallazgo arqueológico nos permite comprender mejor la profundidad histórica de las culturas que dieron forma a este territorio. El contexto ritual localizado en Yaxché de Peón aporta nuevas claves sobre la organización comunitaria, el pensamiento simbólico y la relación entre espacio, fertilidad y sustento en el mundo maya temprano”, expresó la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.
En el sitio se identificó una estructura rectangular de aproximadamente 14 metros de largo por 10.8 metros de ancho y con una elevación cercana a los 45 centímetros.
El espacio carece de evidencias de uso habitacional y presenta accesos abiertos desde todos sus lados, lo que sugiere que pudo haber funcionado como un punto semipúblico destinado a reuniones comunitarias o ceremonias colectivas.

Bajo el relleno constructivo del sector norte se localizaron dos contextos rituales colocados antes de la edificación, posiblemente como ofrendas fundacionales.

Entre los materiales destacan fragmentos cerámicos, restos óseos —probablemente de venado—, un caracol marino y una vasija con forma de calabaza asociada simbólicamente con la fertilidad y el sustento.
“La presencia de restos de venado en la ofrenda sugiere implicaciones simbólicas de la vinculación del animal en el pensamiento maya, como un ser conectado con la vivencia humana, señor de los montes y dador de bienestar”, explicó la arqueóloga Susana Echeverría Castillo, quien añadió que estos elementos refuerzan la idea de rituales destinados a consagrar espacios públicos antes de su uso comunitario.




