La presencia de cocodrilos comienza a hacerse cada vez más visible en distintos puntos de la costa yucateca, donde en los últimos meses se han registrado ejemplares en playas, carreteras, calles e incluso patios de viviendas.
Uno de los casos más recientes ocurrió en Sisal, donde un cocodrilo de gran tamaño fue observado desplazándose cerca de la orilla del mar. Su presencia provocó que algunos bañistas salieran del agua y se mantuvieran alejados como medida preventiva.
A este caso se suma la aparición de otro enorme ejemplar en la conocida Playa Marmota, en Santa Clara, lo que volvió a encender la atención entre pobladores y visitantes de la zona.
Además, hubo otro hecho que también causó impacto: dos enormes reptiles fueron grabados enfrentados, en una escena que rápidamente llamó la atención en redes sociales por el tamaño de ambos animales y la fuerza de su comportamiento en plena zona costera.
Semanas antes, un ejemplar también fue captado muy cerca del mar en Las Coloradas, mientras que en junio una familia de Progreso encontró un cocodrilo de aproximadamente un metro dentro del patio de su vivienda. En este último caso, autoridades aseguraron al animal y posteriormente lo liberaron en la ciénaga.
Los encuentros no se han limitado a las playas. En junio fueron localizados dos cocodrilos sobre la carretera Sinanché-Telchac Pueblo, uno de alrededor de metro y medio y una cría, que posteriormente fueron trasladados a la ciénaga de San Crisanto. Apenas el 1 de agosto otro ejemplar apareció sobre una carretera de la zona de Tizimín.
En abril, habitantes de Celestún también grabaron a un cocodrilo de gran tamaño mientras atravesaba una calle de la colonia Felipe Carrillo Puerto rumbo a la zona de manglares.

La aparición de estos reptiles en zonas habitadas no significa necesariamente que exista una invasión. Entre los factores asociados a sus desplazamientos se encuentran la temporada de lluvias, la búsqueda de alimento y la reducción o modificación de sus espacios naturales por el crecimiento urbano.
Los cocodrilos forman parte de los ecosistemas costeros de Yucatán, especialmente de manglares, ciénagas, esteros y humedales, por lo que la cercanía entre estos ambientes y las comunidades aumenta la posibilidad de encuentros.
Ante los constantes avistamientos, la recomendación es no acercarse, perseguir, alimentar ni intentar capturar a los ejemplares. Los cocodrilos son fauna silvestre protegida, por lo que cualquier agresión o captura indebida puede derivar en sanciones.
La presencia cada vez más visible de estos animales plantea también un reto para las comunidades costeras: aprender a convivir con una especie que siempre ha formado parte de los humedales de Yucatán, pero cuyo territorio está cada vez más cerca de viviendas, carreteras y zonas turísticas.




