El Instituto Comercial Bancarios se hunde en una avalancha de quejas que exhiben su falta de seriedad y compromiso con los estudiantes. El calvario no lo vive un alumno en lo individual, sino toda la generación 2019-2023 de la carrera de Psicología, que tras haber concluido sus estudios desde el año pasado sigue sin poder titularse por la negligencia y el desorden de esta supuesta institución educativa.
El viacrucis comenzó desde el momento en que los jóvenes concluyeron su carrera. El primer obstáculo fue el servicio social, requisito indispensable para la titulación. En lugar de brindar apoyo, la escuela mantuvo a los egresados en espera durante un semestre bajo el argumento de que “buscarían espacios”. Finalmente, les impusieron realizarlo dentro de la propia escuela y pagando cuotas mensuales, un hecho tan absurdo como irregular: dos meses a $1,200 y cuatro meses a $1,000, cuando en cualquier institución seria el servicio se realiza de manera gratuita o incluso con un apoyo económico.
El desorden administrativo tampoco dio tregua. Los alumnos pasaron por asesores de tesis que cambiaban constantemente, ya que los maestros renunciaban, se incapacitaban o simplemente abandonaban el cargo sin entregar documentación. Pese a todas esas trabas, la mayoría logró entregar su trabajo de titulación.
Sin embargo, el calvario continuó. En septiembre se les prometió fecha para sus exámenes profesionales, pero la realidad fue otra. Una nueva coordinadora se comunicó para decir que su antecesora, de nombre Rebeca, había renunciado sin dejar en orden la documentación ni registrar los papeles ante la SEP. Con ese pretexto, ahora aseguran que los egresados están “fuera de tiempo” para titularse.
Mientras tanto, decenas de egresados no pueden acceder a empleos en el área de psicología, pues carecen de un título que la institución les ha negado por ineptitud, negligencia y abusos económicos.
Este caso es solo un ejemplo de cómo el Instituto Comercial Bancarios parece operar como un negocio de obstáculos en lugar de una institución educativa seria. Los estudiantes pagan, cumplen con los requisitos y aún así son víctimas de un laberinto burocrático diseñado para exprimirlos y, al final, dejarlos sin futuro.




